Dragones de la Reina, una garantía de seguridad para las autoridades durante la Colonia

Dragones de la Reina, una garantía de seguridad para las autoridades durante la Colonia

Luego de la batalla de Curalaba (1598) se puso fin al proceso de expansión y conquista, al definirse claramente el territorio de paz en el cual españoles, criollos, mestizos e indígenas convivieron originando así las características propias del área central de Chile, dando paso a la Colonia, período que se extendió hasta 1810.

En aquellos días el Gobernador era la máxima autoridad política, quien ostentaba además los cargos de Capitán General, es decir quien asumía la conducción militar de las tropas desplegadas en el reino y Presidente una vez instituida en Chile la Real Audiencia, el principal tribunal de justicia en un territorio hispano.

Entre 1755 y 1761 dirigió el destino del Reino de Chile Manuel de Amat y Junyent, uno de los más destacados gobernadores que sirvió a la Corona durante el siglo XVIII. En septiembre de 1758 decidió inspeccionar las fortificaciones de la frontera del Biobío, viaje que se vio aplazado, producto de una sublevación de presos al interior de la cárcel, situación que él mismo controló.

La agitación dejó en evidencia la inexistencia de gente que tuviera facultades reales para mantener el orden público de la ciudad. Paralelamente, se temía que su ausencia diera paso a desmanes, por ello los vecinos comenzaron a preocuparse, ya que se llevaría los únicos soldados que conformaban su guardia, dejando a la ciudad sin resguardo y una cantidad importante de reos ansiosos por salir. Por su parte, la Real Audiencia representó al Gobernador que sería peligroso abandonar la ciudad en este escenario de indefensión.

El Coronel ® Diego Miranda Becerra, autor del texto Policía en el reino de Chile, señala: “Los temores que abrigaban los vecinos de Santiago no eran infundados. Existía el peligro cierto de que el bajo pueblo, se envalentonara con la ausencia del gobernador y, valiéndose de cualesquiera circunstancia fortuita o del más mínimo pretexto, diera rienda suelta a su resentimiento y se entregara a toda clase de desmanes, los que resultarían imposibles de contener por la justicia al no disponer para ello, sino del dudoso auxilio de los seis mal armados alguaciles menores”.

Este grave incidente llevó a Amat a crear, en octubre de 1758, la Compañía de Dragones de la Reina, compuesta por 50 soldados dragones, para garantizar el respeto de la real justicia y encargarse de la vigilancia y custodia de la ciudad, cuya principal función era escoltar al Gobernador, proteger el palacio de gobierno y las oficinas reales, además de rondar la ciudad. Miranda aclara que recibieron este nombre porque: “era la denominación de soldados de caballería que combatían indistintamente a pie o a caballo”. No obstante, es necesario considerar que éste no era un cuerpo que tuviera las características policiales que vemos en los Carabineros de hoy, pues se trataba de una unidad militar que se estableció para mantener el orden público.

Para que los españoles se sintieran atraídos a formar filas, se les aseguró un sueldo muy superior al del resto de los funcionarios del Ejército. De inmediato acudió a alistarse la flor y nata de la población de raza blanca y la compañía quedó organizada el 22 de octubre de 1758 bajo el mando de un auténtico noble, Don Ignacio José del Alcázar, tercer Conde de la Marquina. Todos sus componentes tenían derecho al tratamiento honorífico de “Don” y vestían un fino uniforme costeado por ellos mismos.

La compañía contaba con dos plazas de sargentos, una de tambor, tres de cabos y cuarenta y cuatro de soldados. Finalmente, la iniciativa fue aprobada por el Rey Carlos III, mediante Real Cédula del 12 de octubre de 1760.

Si bien no es posible hallar escritores que aludan directamente a ellos, sí existe bibliografía que da cuenta de su participación en hechos tan importantes como el ocurrido el 18 de septiembre de 1810. Melchor Martínez, destacado cronista del período, explica en Memoria Histórica sobre la Revolución de Chile el inicio de lo acontecido el martes 18 de septiembre en Santiago en relación a la disposición de las tropas que ocuparían la ciudad: “la compañía veterana de Dragones de la Reina ocupó la cuadra que hay del Consulado a la Plaza Mayor, teniendo al frente una de milicias del Regimiento del Rey”.

Lo anterior obliga a imaginar a estos hombres formados en la actual calle Compañía, desde Morandé hasta Ahumada, considerando que el consulado al que hace alusión el texto, se ubicaba donde actualmente se encuentra el Palacio de Tribunales. Si pensamos que la reunión del 18 de septiembre se efectuó en ese edificio, tenemos que esta Unidad estaba al cuidado de las inmediaciones directas al lugar que marca un antes y un después en la historia de Chile.

La Compañía de Dragones de la Reina subsistió hasta el 13 de septiembre de 1811, fecha en que fue disuelta y sus efectivos incorporados a la Asamblea de Caballería, para instruir a los soldados novatos ante la inevitable guerra por la independencia de Chile, contra las tropas realistas del Virrey del Perú.


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