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SOM Domingo Jara Aldea: “Dentro de Chile estuve siempre en los primeros lugares”

A lo largo de la historia, muchas personas han soñado con imitar a las aves y surcar los cielos mediante diversos inventos y sistemas. Uno de ellos es el paracaídas, que, aunque no permite volar en el sentido estricto, sí ofrece momentos de vuelo controlado, especialmente durante el descenso. El verdadero pionero de esta disciplina fue el francés André-Jacques Garnerin, quien el 22 de octubre de 1797 realizó con éxito el primer salto desde un globo de hidrógeno a 350 metros de altura sobre el Parc Monceau, en París, Francia. 

Más de un siglo después, el 28 de septiembre de 1924, el Teniente de Ejército Francisco Lagreze Pérez, pionero del paracaidismo en Chile y Sudamérica, efectuó el primer salto desde un biplano De Havilland DH-9 el cual despegó desde el Aeródromo Militar de El Bosque, transformándose su acción en el punto de partida para el desarrollo de esta disciplina en el país.  Al interior de Carabineros de Chile, el paracaidismo comenzó a ganar popularidad y carácter competitivo hacia la década de 1950. En 1969, fue oficialmente reconocido como deporte institucional, estableciéndose los lineamientos necesarios para una rigurosa preparación física y técnica de los efectivos.

A comienzos de la década de 1990, Domingo Jara Aldea, quien más tarde alcanzaró el grado de Suboficial Mayor y desarrolló su carrera en el Grupo de Operaciones Especiales (Gope), se convirtió en una figura destacada del paracaidismo militar deportivo. Con disciplina y convicción, llevó el nombre de la Institución a lo más alto, consagrándose como Campeón en Aterrizaje de Precisión, una de las pruebas más exigentes del paracaidismo.

- ¿Cómo nace su interés por postular al Gope?
- En 1986 ingresé al Grupo de Formación de Viña del Mar y, posteriormente, me destinaron a la 1ª Comisaría de Valparaíso. Fue allí donde tuve mi primer contacto con una Patrulla de Acción Especial del GOPE. Me llamó la atención su indumentaria y, sobre todo, lo que había detrás de ella: la dedicación incondicional, el trabajo en equipo, la disciplina y el fuerte sentido de compromiso. Todo ese ambiente me motivó profundamente y decidí postular en 1988. Un año más tarde inicié el curso GOPE, el cual comprende dos semestres académicos.

- ¿Cómo nace su interés por el paracaidismo?
- Dentro de la malla académica está la asignatura de Operaciones Aerotransportables y Paracaidismo Operacional, dividida en dos áreas: teórica y práctica. Fue ahí donde comenzó  a encantarme, aunque no puedo negar que desde niño me llamaba la atención ver, en las películas, a los soldados saltando en paracaídas y también durante mi Servicio Militar, aunque en ese momento lo veía como algo muy lejano, inalcanzable.

En la primera etapa del curso aprendimos contenidos teóricos como aerodinámica, que estudia el movimiento del aire, y otros conceptos como Fuerza G, gravedad, meteorología y clima. Un punto clave fue entender el uso del viento para corregir el rumbo durante el descenso. Este puede ser el mejor aliado o el peor enemigo: aterrizar con él a favor es muy peligroso, ya que se incrementa la velocidad de aproximación al suelo. El viento cruzado dificulta el control direccional, por ello, contra el viento es la forma más segura de tocar tierra.

- ¿Cuándo fue su primer salto y qué sintió?
- Mi primer salto fue en 1989, utilizando un paracaídas militar con línea estática. Esto significa que el paracaídas se abre automáticamente mediante una cuerda, llamada justamente así, que conecta al paracaidista con el avión. En ese momento experimenté una mezcla de emociones: adrenalina, miedo, pero sobre todo fue una experiencia reveladora. Sentí que era el inicio de algo que marcaría profundamente mi vida profesional.

- ¿Cómo se transformó el paracaidismo en protagonista de su vida?
- Una vez finalizado el curso, no quise que pasara mucho tiempo sin volver a saltar, porque intuía que si dejaba pasar demasiado, podía aparecer el miedo. Así que comencé a realizar saltos periódicos y a avanzar en el proceso de licencias y habilitaciones, otorgadas por la Federación Chilena de Paracaidismo.  Hoy cuento con licencia nacional, internacional y una tercera con reconocimiento latinoamericano. Paralelamente, fui cumpliendo etapas dentro de las habilitaciones: partí como alumno hasta llegar a instructor.

Dentro del paracaidismo existen dos grandes áreas. La primera es el práctico, también llamado militar o táctico. Este consiste en saltar, para aterrizar en un punto específico, generalmente en apoyo a personas o comunidades, por ejemplo, para entregar medicamentos, alimentos u otro tipo de ayuda humanitaria.

La segunda es el deportivo, modalidad que me permitió representar a la Institución en competencias nacionales e internacionales. En esta área existen dos grandes subcategorías: Trabajo Relativo y Precisión Clásica. En Trabajo Relativo saltan cinco paracaidistas, uno de ellos graba en el aire y los otros cuatro realizan diferentes figuras acrobáticas coordinadas, antes de abrir el paracaídas. Yo me especialicé en la segunda modalidad, Precisión Clásica, aquí el objetivo es aterrizar en un punto exacto, lo que exige altísima concentración, control del cuerpo y lectura del viento. 

La Precisión Clásica consiste en aterrizar sobre una colchoneta de tres metros de diámetro y cincuenta centímetros de altura, la cual tiene en el centro un disco de treinta centímetros y, en su núcleo un punto de un centímetro de diámetro. El objetivo es impactar exactamente en ese centro con el talón de la bota, que tiene las mismas dimensiones. Todo el sistema está conectado a sensores electrónicos que calculan con exactitud el lugar de contacto y gana quien tenga la menor suma total de distancia en todos los saltos. 

Lograr un buen resultado implica técnica, concentración y muchas horas de práctica. Para prepararnos, realizábamos entrenamientos en tierra con un disco simulado, repitiendo el ejercicio hasta quinientas veces antes de cada campeonato. Además de perfeccionar el método, esto permitía reducir los costos asociados a los saltos reales.

- ¿Cómo llegó a ser campeón nacional?
- Al interior de Carabineros de Chile, existía una selección institucional de paracaidismo que competía anualmente con las selecciones de las Fuerzas Armadas en la disciplina de Precisión Clásica.  La selección se conformaba a través de un torneo de carácter nacional, en el que participaban los mejores paracaidistas de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. En mi caso, primero me coroné como campeón institucional y luego nacional, en la categoría Precisión Clásica.  Mi primer Campeonato fue en 1993, y a partir de ahí participé en varias competencias en el país y fuera de él, pero dentro de Chile estuve siempre en los primeros lugares.

- Una vez seleccionado ¿dónde compitió?
- El año 2013 viajé al Campeonato Mundial de Paracaidismo realizado en China, junto a los seleccionados del Ejército con quienes conformé el grupo nacional. Para comprender la relevancia de esta participación es importante aclarar que América Latina tiene un nivel competitivo acotado, si lo comparamos con  países de Asia o Europa. Nosotros tenemos uno o dos campeonatos al año y ellos tienen uno mensual y se dedican exclusivamente a esto. A nivel competitivo los mejor ranqueados de la región son los brasileros, por ello llegar a este y otros campeonatos fue un logro significativo a nivel personal, institucional y nacional.

- ¿Qué vino después?
- El 2014 fue el mejor de mi carrera a nivel competitivo. Todo comenzó con un Campeonato Latinoamericano realizado en Cuba, al que siguió mi participación en el Campeonato Mundial Militar en Yakarta, Indonesia. Para cerrar ese año, recibí el Lautaro de Oro, una estatuilla muy significativa que premia al mejor deportista de todas las ramas de las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad. La Confederación Chilena de Paracaidismo propuso mi nombre y dentro de múltiples disciplinas, fui el seleccionado.

Posteriormente, continué representando a Chile y a Carabineros en competencias internacionales: en 2015 viajé a Corea del Sur; en 2018 participé en un campeonato mundial en Hungría, y en 2019 asistí a un torneo en Argentina. Mi mejor marca la obtuve en Corea del Sur: de un total de ocho saltos, mantuve hasta el sexto un altísimo rendimiento, lo que me posicionó entre los mejores a nivel mundial en la modalidad de Precisión Clásica.

- ¿Qué se siente representar a Chile?
- Es una experiencia que va mucho más allá de la emoción del salto. Esa adrenalina inicial pasa a segundo plano, porque las medidas de seguridad ya están completamente interiorizadas. En esos momentos, mi concentración estaba puesta en mantener la distancia correcta entre los cinco paracaidistas, en visualizar la colchoneta y en enfocar toda mi atención en lo que llamaba un “túnel imaginario”, que terminaba justo en el punto exacto donde debía aterrizar. Esto me ayudaba a no desconcentrarme, especialmente ante la presión del público y el bullicio característico de este tipo de eventos. Después de todo, se trata de competencias deportivas, y es natural que el público exprese su apoyo de forma espontánea hacia sus favoritos. Por eso, mantener el foco y la calma es parte esencial del rendimiento.

 - ¿Cómo lo apoyó la Institución?
- En el Gope siempre tuve prefectos que me apoyaron y, de verdad, solo tengo palabras de agradecimiento para ellos. Cundo había campeonato pasaba agregado al Ejército o la Fuerza Aérea lo que me permitía dedicarme en forma exclusiva  a los entrenamientos. También fue clave el respaldo de la Federación Deportiva de Carabineros de Chile. Ellos me apoyaron en aspectos fundamentales como la implementación, ya que este es un deporte donde los costos son muy altos y no siempre accesibles para una práctica individual.

- ¿Tuvo algún accidente?
- La matriz de riesgo en el paracaidismo es altísima, sin embargo, estos se pueden minimizar si se respetan estrictamente los protocolos de seguridad. Llevo 35 años practicando esta disciplina y solo he tenido una lesión menor en una rodilla. Eso demuestra que, con preparación, control y disciplina, el margen de seguridad puede mantenerse alto.

Lamentablemente, también hemos vivido momentos muy duros. El accidente más serio que enlutó al GOPE ocurrió en 2008, cuando falleció el oficial de la Policía Nacional de Paraguay, Freddy Benítez Colarte, quien se encontraba en Chile con una beca de capacitación. Durante una clase práctica, su paracaídas no se abrió, provocando un desenlace fatal. Fue un golpe muy fuerte para todos nosotros, que marcó profundamente al equipo y reafirmó la importancia de no bajar jamás la guardia en materia de seguridad.

- ¿Cómo tomó su familia esta práctica deportiva?
- Inicialmente lo consideraron espantoso. Recuerdo que mi papá me fue a ver una vez a Tobalaba y se quedó rezando durante todo el salto. Mi mamá nunca fue, le angustiaba. Con el tiempo, mi señora se acostumbró y entendió que esto era parte de mi vida profesional. Mis hijos, en cambio, nunca mostraron interés por saltar, aunque mi hija tenía un rol muy especial: ella llevaba un registro con las estadísticas de todos mis saltos y presentaciones. Era su forma de acompañarme, y ese gesto siempre lo valoré mucho.

- ¿Actualmente cuál es su relación con el paracaidismo?
- Carabineros ya no participa en los campeonatos nacionales y yo tampoco compito, aunque continúo dedicándome a la instrucción en el GOPE. Por todo esto, me siento profundamente agradecido de Dios, Carabineros, mi familia y conmigo mismo, a través de esta disciplina logré proyectarme y ser reconocido a nivel nacional y latinoamericano.